El primer día que volví a poner un pie en el instituto después de tantos años fue sin duda una mezcla de emociones, porque ya no lo hacía del todo como alumna del instituto, sino más bien como un intento de profesora (de momento).

Esto fue hace ya más de un año, sin embargo, este sentimiento siguió sin cambiar cuando volví hace unos meses, esta vez con un poco más de experiencia.
Estando ahora del otro lado, las cosas se ven muy distintas. Todavía veo las sombras de mis compañeros y mías por aquel entonces en las aulas que habitamos. Mentiría si dijera que no sentí escalofríos cuando vi MI mesa (y sí, en mayúsculas) que yo misma pinté, porque esos rayajos no se olvidan fácil.
Todo ha cambiado, ya que ahora salir a la pizarra a corregir no me supone un torbellino de nervios y ansiedad, sino que ahora es el pan de cada día.
Me he sentido muy orgullosa de poder compartir tiempo otra vez con aquellos profesores que me formaron, y que me han ayudado a ser la Lucía que soy hoy. También es extraño entrar a la sala de profesores y al pasillo de jefatura que tanto nos escandalizaba.
Volviendo a mis queridos profesores, no puedo olvidarme de Marisa, quien me abrió los ojos y un camino lleno de oportunidades al mostrarme cómo había llegado hasta el instituto, por puro amor a un idioma. Ella vio mi potencial, y nunca me dejó dudar de él.
A Marta, mi especial tutora de prácticas, que, aunque no estuviera en mi camino de
estudiante en el centro, ha confiado en mí, y me ha cedido un enorme espacio en sus clases durante dos años. Me ha mostrado tanto las partes buenas, como las malas, y me ha dejado aprender de ella.

Y gracias también a Vicente, quien me ha dejado un poco de voz para contar mi historia, ya que yo nunca olvidaré su voz al contar la suya.
Con lágrimas en los ojos me despido de esta preciosa y diferente etapa. No sé si es el
principio o el final, pero siempre me quedaré con el eco de todos los alumnos diciendo
‘Profe, quiero que te quedes’ o ‘¿Profe nos vas a dar clase?’

Muchas gracias a todos por crear momentos que siempre van a formar parte de mí.

Lucía Gutiérrez Olaya.