Llevan tanto tiempo ahí que apenas si ya nos fijamos, pero todo el frente del Instituto se encuentra rodeado de altos árboles llamados melias.

Se trata de plantas de hoja caduca originarias de Asia (zonas bajas del Himalaya) que se aclimatan perfectamente a nuestro clima continental, pues toleran la sequía siempre y cuando los veranos sean cálidos.

Se tratan de árboles de sombra con una espectacular (y olorosa) floración (ahora mismo se está produciendo).

Sus frutos (drupas) son unas bolas duras (más de alguno os habréis tropezado con ellas) con las que se elaboraban rosarios, pues el árbol era considerado sagrado.

En España se introdujeron en tiempo de Al Andalus, y se solían situar bajo las norias de sangre para proteger al ganado que las movía.