El viernes 25 de abril por la tarde alumnos de 2º Bachillerato (entre los que había algunos de ciencias) estuvieron visitando el Museo del Prado.

La excusa era repasar una parte muy importante del temario (que completara así lo que se vio en el Madrid barroco o en el Museo Arqueológico) con vista a estos últimos exámenes y (para los que la elijan como optativa) para la EVAU.

Pero esto sólo era la superficie, pues, ante todo, era necesario ir al Prado para descubrir la fauna más alucinante del arte en el Jardín de las Delicias del Bosco, las lágrimas mejor mejor pintadas en el Descendimiento de Weyden, los frescos más románicos de Maderuelo o las pinceladas más bellas de Tiziano.

Era necesario para jugar con el Lavatorio de Tintoretto y constatar que nuestra Gioconda es mucho mejor que la del Louvre. Imprescindible para enfrentarnos con el patetismo de Caravaggio, la experiencia mística del Greco, las texturas de Zurbarán o las sucesivas obras maestras de Velázquez en donde se puede comprender lo que duele la verdad en la Fragua de Vulcano, el honor de la victoria en las Lanzas, el gran teatro barroco de las Hilanderas, los arrepentimientos de sus retratos o … lo que sea que guarda como misterio el gran cuadro pintado en las Meninas, mientras Velázquez nos mira y nosotros nos volvemos reyes.

Todo eso y risas, asombros y unas coca colas finales para dar el último impulso a este curso tan exigente.

Mucho ánimo.