“VOCACIÓN (sustantivo): tipo de trabajo para el que uno siente que es apto y al que debe dedicar todo su tiempo y energía, o la sensación de que un tipo de trabajo le conviene… (Diccionario de Cambridge, 2024)”

Si pienso en ella, vocación es posiblemente la primera palabra que se me pasa por la cabeza. Posiblemente a ti, que estás leyendo esto, también. Quizá también se te ocurren otros términos: amiga, compañera, madre, profesora, estricta, cariñosa, dedicada, defensora de la escuela pública… Si esto fuera un tuit, ya me habría quedado sin caracteres.

Sin embargo, cuando pienso en ella no puedo evitar acordarme del año que pisé el pabellón de 1º de E.S.O. por primera vez. En aquel entonces, la vida me pondría en mi camino a una de las principales culpables de mi gusto por el inglés, y especialmente por la docencia. Estaríamos juntas durante 4 años, a los que prosiguió un Bachillerato de pedir por favor que me dejara colarme en sus clases. En esa etapa, no podía dejar de sentir admiración por una ‘profe’ a la que no sólo le exponíamos nuestras dudas con el Reported Speech, sino a quien también confesábamos desamores, dolores de cabeza, y preocupaciones existenciales de adolescentes. Una pandemia y algunas matrículas universitarias después, volvería a reencontrarme con ella. Ahora sería mi tutora de prácticas. Estaba orgullosa de poder seguir llamándola ‘profe’ ya que nunca dejé (ni dejaré) de aprender de ella, aunque me obligó a llamarla sólo Marisa. Pude compartir con ella los entresijos de varias aulas, y en vez de estar en frente, pidiéndola consejo, ahora estaba junto a ella, aprendiendo a guiar adolescentes.

Yo ya terminé mi formación, estoy en la última etapa para poder seguir sus pasos. No puedo expresar con palabras la pena que siento por aquellos alumnos que no llegarán a disfrutarla, pero toda una vida (tan, y tan bien) dedicada a la enseñanza, también merece descanso.

A 31 de octubre de 2024, el IES Los Olivos se ve obligado a despedir a una de sus mejores docentes en plantilla: María Luisa García Torralba. Odia que la llamen María Luisa, sólo deja que lo haga su padre.

Tengo la suerte de poder escribirle esta carta de despedida y, sobre todo, de eterno agradecimiento, a quien hoy puedo considerar amiga, segunda madre, guía, tutora, profesora. Muchas gracias por haberme enseñado durante tantos años, tantas cosas. Gracias por tus consejos. Por tus clases. Por tus abrazos. Por ir a las graduaciones. Por las reuniones de departamento. Por los recursos didácticos. Por los proyectos. Por tu forma de ser y tu forma de enseñar. Por apostar por la educación pública, y por defenderla. Por las discusiones de lingüística. Por la confianza. Por el cariño. Por absolutamente todo.

Disfruta de tu jubilación, profe, y enhorabuena por terminar con la conciencia tranquila del trabajo muy bien hecho. Un abrazo enorme.

Marina López Pallarés,

exestudiante del IES Los Olivos, futura profe de inglés.